Comprender la humildad

6 de noviembre


«La humildad es el resultado de ser honestos con nosotros mismos.»


Texto Básico, p. 41


La humildad era una idea tan extraña para la mayoría de nosotros, que la ignoramos todo lo posible. La primera vez que vimos la palabra «humildemente» al comienzo del Séptimo Paso, puede que hayamos pensado que significaba que nos esperaba un poco de humillación. A lo mejor decidimos buscarla en el diccionario, pero la definición nos confundió aún más. No comprendíamos cómo se aplicaba a la recuperación el concepto de «modestia y subordinación».


Ser humildes no significa que seamos la forma de vida más baja. Al contrario, volverse humilde significa tener una visión realista de nosotros y de nuestro lugar en el mundo. Llegamos a un estado de conciencia basado en la aceptación de todos los aspectos de nosotros. No negamos nuestras buenas cualidades ni exageramos nuestros defectos. Aceptamos honestamente quiénes somos.


Ninguno de nosotros logrará jamás un estado de perfecta humildad. Pero sin duda podemos procurar admitir nuestras faltas honestamente, aceptar nuestras virtudes y confiar en un Poder Superior como fuente de fortaleza. Humildad no significa que tengamos que arrastrarnos por la vida de rodillas; sino simplemente que debemos admitir que no podemos recuperarnos solos. Nos necesitamos los unos a los otros, y, sobre todo, necesitamos el poder de un Dios bondadoso.


Sólo por Hoy: Para ser humilde, aceptaré todas las facetas de mí mismo y veré cuál es mi auténtico lugar en el mundo. Para conseguir la fortaleza que necesito para ocupar ese lugar, confiaré en el Dios que yo concibo.

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