Depender de nuestro Poder Superior

7 de octubre


«Ahora, en recuperación, descubrimos que todavía somos dependientes, pero ya no dependemos de lo que nos rodea sino de un Dios bondadoso y de la fuerza interior que tenemos gracias a nuestra relación con Él.»


Texto Básico, p. 81

La rebeldía, para muchos adictos, es casi una cuestión de temperamento. No queríamos depender de nadie ni de nada, y en especial no queríamos depender de Dios. Lo maravilloso de consumir, pensábamos, era que nos daba la capacidad de ser y de sentir todo lo que quisiéramos por nuestra cuenta. Pero el precio que pagamos por esta libertad ilusoria fue una dependencia superior a nuestras peores pesadillas. Consumir, en lugar de liberarnos, nos esclavizó.


Cuando llegamos a Narcóticos Anónimos, aprendimos que depender de Dios no tenía por qué ser lo que pensábamos que era. Sí, teníamos que utilizar «un Poder superior a nosotros mismos» si queríamos que nos devolvieran el sano juicio. No obstante, podíamos escoger nuestro propio concepto de ese Poder Superior y hasta podíamos inventarnos uno.


Descubrimos que depender de un Poder Superior no nos limitaría, sino que nos liberaría.

El Poder que encontramos en recuperación es la fuerza que nos faltaba. Es el amor de los demás, del que tanto temíamos depender. Es la sensación de tener el rumbo personal que nunca tuvimos, la orientación que nunca nos atrevimos a pedir por falta de humildad o confianza en que los demás pudieran guiarnos. Es todo esto y es nuestro. Hoy en día, estamos agradecidos de tener un Poder Superior del cual depender.


Sólo por Hoy: Dependeré del amor y la fortaleza interior que obtengo de mi propio concepto de Dios.

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