Depresión y ejercicio



Durante el invierno se incrementan los casos de depresión atribuidos a las condiciones ambientales y las fiestas y celebraciones de la época. Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión es uno de los trastornos mentales más comunes del mundo, que afecta a más de 300 millones de personas a nivel mundial. Esta enfermedad depende, en cierta medida, de nuestros genes. Quienes son portadores de estos son más susceptibles de padecerla al menos en una ocasión en la vida.


Quienes caminan, bailan, corren, se relajan paseando y jugando con un perro o se ejercitan en elípticas por lo menos 3 horas a la semana, tienen menos probabilidades de desarrollar depresión clínica que las personas sedentarias, incluso si tienen antecedentes familiares de padecerla.


Esto fue revelado en un estudio a gran escala de ejercicio, genética y salud mental publicado este mes en Depression and Anxiety. El estudio encontró que casi cualquier tipo de actividad física, ya sea extenuante o ligera, ayudó a compensar la propensión genética de las personas a la depresión.


Los investigadores de la Universidad de Harvard y otras instituciones analizaron los registros de casi 8,000 de hombres y mujeres en el área metropolitana de Boston que proporcionaron muestras de ADN y abrieron sus registros de salud electrónicos a los investigadores.


Los investigadores examinaron el ADN buscando variaciones genéticas que se cree que aumentan el riesgo de depresión, y calificaron a sus voluntarios como de alto, moderado o bajo riesgo hereditario de depresión. También verificaron en sus registros médicos códigos que indiquen un diagnóstico de depresión, ya sea antes de unirse al biobanco o durante dos años después.


Al finalizar el estudio concluyeron que quienes tienen un alto riesgo genético para la depresión tenían más probabilidades, en general, de desarrollarla que los voluntarios con puntajes de bajo riesgo.


Al mismo tiempo, las personas físicamente activas tenían menos riesgo que las personas que rara vez se movían, y el tipo de ejercicio apenas importaba. Si alguien pasara al menos tres horas a la semana participando en actividad, ya sea vigorosa, como correr o más suave, haciendo yoga o caminar, era menos probable que se deprimiera que los voluntarios sedentarios, y el riesgo disminuyó otros 17 puntos de porcentaje con cada 30 minutos adicionales de actividad diaria.


Este vínculo entre el movimiento y la mejora de la salud mental era válido para las personas que habían experimentado depresión en el pasado. Al hacer ejercicio ahora, su riesgo de un nuevo episodio de depresión disminuyó, en comparación con los riesgos para las personas inactivas con antecedentes de depresión.


Si bien el ejercicio no elimina el riesgo de depresión para todos ya que algunas personas activas la desarrollaron, el ejercicio amortiguó los riesgos, incluso para las personas con alta carga genética.  A pesar de que este es un estudio observacional y no puede demostrar con alto índice de confianza que el estar físicamente activo causa que las personas se mantengan mentalmente saludables, pero refuerza el concepto hipocrático con más de 2000 años de antigüedad de que mente sana en cuerpo sano.


Fuente: https://www.milenio.com/opinion/ignacio-cardona/consultorio-del-deportista/depresion-y-ejercicio

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