Desprenderse de los defectos

21 de noviembre

«Si [los defectos de carácter] contribuyeran a nuestra salud y felicidad, no habríamos llegado a semejante estado de desesperación.»


Texto Básico, p. 41

Empezar con el Sexto y Séptimo Paso no siempre es fácil. Quizás nos veamos con tantos defectos que todo en nosotros nos parezca malo. A lo mejor tenemos ganas de escondernos debajo de una piedra. No nos gustaría de ninguna manera que nuestros compañeros adictos se enteraran de nuestras imperfecciones.


Es probable que pasemos por un período en el que examinemos todo lo que digamos y hagamos para poder identificar nuestros defectos y estar seguros de eliminarlos. Quizás recordemos un día en particular, humillados por tener la certeza de haber dicho lo más vergonzoso del mundo, y decidamos quitarnos de encima a cualquier precio esas características horribles.


Pero en el Sexto y Séptimo Paso no dice en ninguna parte que vamos a aprender a dominar nuestros defectos de carácter. De hecho, cuanta más atención les prestamos, con más firmeza se atrincheran en nuestra vida. Hace falta humildad para reconocer que al igual que no podemos controlar nuestra adicción, tampoco podemos controlar nuestros defectos. No podemos eliminar nuestros propios defectos; lo único que podemos hacer es pedirle a un Dios bondadoso que nos los quite.


Desprenderse de algo doloroso puede ser tan difícil como desprenderse de algo placentero. Pero reconozcámoslo, aferrarse a ellos es mucho trabajo. Cuando recapacitamos sobre lo que estamos reteniendo, vemos que el esfuerzo sencillamente no vale la pena. Ha llegado la hora de desprendernos de nuestros defectos de carácter y pedirle a Dios que los elimine.


Sólo por Hoy: Estoy listo para que me quiten los defectos. Me desprenderé de ellos y dejaré que un Dios bondadoso me cuide.

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