Doblarse con el viento

11 de septiembre


«Aprendemos a ser más flexibles [...] A medida que nuevas cosas se revelan, nos sentimos renovados.»


Texto Básico, p. 115

La palabra «flexibilidad» no formaba parte del vocabulario que usábamos cuando consumíamos. Nos habíamos obsesionado con el placer tosco de las drogas y endurecido ante todos los placeres más suaves, sutiles e infinitamente más variados del mundo que nos rodeaba. Nuestra enfermedad había convertido la vida en una amenaza constante de cárceles, instituciones y muerte, una amenaza ante la cual nos endurecimos aun más. Al final nos volvimos seres quebradizos. Por último, el soplo más suave de vida nos derrumbó y derrotó, y nos dejó sin más alternativa que la de rendirnos.


Pero la bella ironía de la recuperación es que rindiéndonos encontramos la flexibilidad que habíamos perdido durante nuestra adicción, cuya ausencia era responsable de nuestra derrota. Recuperamos la capacidad de doblarnos con el soplo de la vida sin quebrarnos. Cuando soplaba el viento, en lugar de ponernos rígidos como antes, como si se tratara de la embestida de una tormenta, nos parecía una suave caricia sobre la piel.


Los vientos de la vida nos traen nuevos aires a cada instante, y con ellos, nuevas fragancias y nuevos placeres variados y sutilmente diferentes. Al doblarnos con el viento de la vida, sentimos, oímos, tocamos y saboreamos todo lo que ésta tiene para ofrecernos. Y mientras soplan nuevos vientos, nos sentimos renovados.


Sólo por Hoy: Brindaré mi presencia, un abrazo y un oído compasivo a un ser querido.

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