El fin de la soledad

14 de octubre



«Con el amor que me demuestran en Narcóticos Anónimos, no tengo excusa para la soledad.»

La adicción es una enfermedad solitaria. Quizás estemos rodeados de gente, pero, tarde o temprano, la adicción abre un foso entre nosotros y nuestros seres queridos más íntimos. Muchos llegamos a Narcóticos Anónimos impulsados por una soledad desesperada.


Aunque vayamos a las reuniones de NA con precaución y desconfianza, nos reciben con un abrazo, una sonrisa y un cariñoso «sigue viniendo». Tal vez sea el primer lugar en el que nos reciben bien después de mucho, mucho tiempo. Vemos a los otros miembros hablar y reírse, salir en grupos de la reunión para seguir conversando en la cafetería. Nos preguntamos si nosotros también podríamos formar parte de este simpático grupo.


Nuestro esquema de aislamiento puede dificultar que nos unamos. Con el tiempo, sin embargo, empezamos a sentirnos «parte de» en lugar de «aparte de». Al poco tiempo, cuando entramos en los salones, nos sentimos en casa. Empezamos a hacer amigos y nuestra vida empieza a cambiar.


NA nos enseña a superar el aislamiento. A través de las primeras amistades experimentales que hacemos en nuestro grupo habitual, vemos que hacer amigos no es difícil. La sensación de estar integrados llega cuando compartimos nuestro ser con los demás.


Sólo por Hoy: Estoy agradecido por las amistades que me ha dado mi Poder Superior en NA. Gracias a ellas, no estoy solo.

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