Espíritus abarrotados

«...y tratamos de recordar que lo hacemos [las enmiendas] por nosotros.»


Mientras debamos enmiendas nuestro espíritu estará abarrotado con cosas innecesarias. Una disculpa que debemos, un resentimiento que guardamos, un remordimiento que no expresamos, nos hace llevar una carga extra. Es como tener una casa sucia. Podemos irnos para no verlo, o quizás movernos entre la basura haciendo como si no estuviera. Pero ignorar el desorden no lo hace desaparecer. Al fin, los platos sucios, la alfombra llena de migas, los cubos de basura repletos siguen allí, esperando que alguien los limpie.


Vivir con un espíritu abarrotado es tan duro como hacerlo en una casa sucia. Parece que siempre estuviéramos tropezando con los desperdicios de ayer. Cada vez que nos damos la vuelta y tratamos de ir a alguna parte, hay algo que bloquea nuestro paso. Cuanto más descuidamos nuestra responsabilidad de hacer enmiendas, más se abarrota nuestro espíritu. Y no podemos contratar a nadie para que lo limpie. Tenemos que hacerlo nosotros.


Al hacer nuestras propias enmiendas, sentimos una profunda sensación de satisfacción. Así como nos sentiríamos después de limpiar la casa y disfrutar del sol que entra por las ventanas brillantes, de igual modo goza nuestro espíritu de la libertad de disfrutar realmente de nuestra recuperación. Una vez que hemos despejado el desorden, lo único que tenemos que hacer es dejarlo atrás y continuar.


Sólo por Hoy: Eliminaré lo que abarrota mi espíritu haciendo las enmiendas que debo.

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