La escuela de recuperación

22 de enero


«Este es un programa de aprendizaje.»


Texto Básico, p. 19


Aprender, en recuperación, es un trabajo duro. Las cosas que más necesitamos saber, muchas veces son las más difíciles de aprender. Estudiamos recuperación para prepararnos para las experiencias que nos traerá la vida. Cuando escuchamos compartir a otras personas en las reuniones, tomamos apuntes mentales a los que podemos recurrir más adelante. Para estar preparados, «entre clase y clase» estudiamos los apuntes y la literatura. Del mismo modo que los estudiantes tienen ocasión de aplicar sus conocimientos en los exámenes, también nosotros tenemos oportunidad de aplicar nuestra recuperación durante las épocas de crisis.


Como siempre, podemos escoger la manera de enfrentarnos a los desafíos de la vida. O bien les tenemos miedo y los evitamos como amenazas a nuestra serenidad, o los aceptamos agradecidos como oportunidades para crecer. Estos retos, al confirmar los principios que hemos aprendido en recuperación, nos brindan una fortaleza mayor. Sin ellos, sin embargo, podríamos olvidarnos de lo aprendido y empezar a estancarnos. Son oportunidades que nos empujan hacia nuevos despertares espirituales.


Descubriremos que después de cada crisis, por lo general hay un período de calma que nos da tiempo para acostumbrarnos a nuestros nuevos conocimientos. Una vez que reflexionamos sobre nuestra experiencia, nos piden que compartamos lo que sabemos con alguien que está estudiando lo que acabamos de aprender. En la escuela de recuperación, todos somos maestros y alumnos a la vez.


Sólo por Hoy: Seré un estudiante de recuperación. Recibiré con gusto los desafíos, seguro de lo que he aprendido e ilusionado por compartirlo con los demás.

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