No sólo una motivación para crecer

1º de octubre



«Aprendemos que el sufrimiento puede ser un factor estimulante en nuestra recuperación.»


Texto Básico, p. 35

«El dolor... ¡A quién le hace falta!» pensamos cada vez que sufrimos. No vemos la necesidad del dolor. Sufrir parece un ejercicio sin sentido. Si a alguien se le ocurre mencionar crecimiento espiritual mientras sufrimos, lo más probable es que hagamos un gesto de disgusto y nos marchemos pensando que es la persona más insensible que hemos conocido.


¿Pero que pasaría si los seres humanos no sintieran dolor, tanto físico como espiritual? Suena a mundo ideal, ¿no? En realidad no. Si no fuéramos capaces de sentir dolor físico, no sabríamos cuándo parpadear para sacarnos cuerpos extraños de los ojos; no sabríamos cuándo parar de hacer ejercicio; ni siquiera cuándo darnos la vuelta al dormir. Sencillamente abusaríamos de nosotros por carecer de un sistema natural de aviso.


La misma verdad se aplica al dolor emocional. ¿Cómo nos habríamos dado cuenta de que nuestra vida se había vuelto ingobernable si no hubiéramos sentido dolor? El dolor emocional, como el físico, nos permite saber cuándo debemos dejar de hacer algo que nos hace daño.


Pero el dolor no es sólo un factor motivador. El dolor emocional nos proporciona una base para comparar y saber cuándo estamos alegres. No podríamos apreciar la dicha si no conociéramos el dolor.


Sólo por Hoy: Aceptaré el dolor como parte necesaria de la vida. Sea cual sea el grado de dolor que sienta, sé que también puedo sentir dicha.

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