Tan enfermos como nuestros secretos

25 de febrero


«Sería trágico tener todo escrito [en un inventario] y luego guardarlo en un cajón. Estos defectos crecen en la oscuridad, pero mueren a la luz del día.»


Texto Básico, p. 37


¿Cuántas veces hemos oído decir que estamos tan enfermos como nuestros secretos? Aunque muchos miembros deciden no compartir en las reuniones detalles íntimos de su vida, es importante que cada uno descubra qué es lo que le funciona mejor. ¿Qué pasa con esos comportamientos que hemos arrastrado a la recuperación y que, si se descubrieran, nos avergonzarían? ¿Hasta qué punto nos sentimos cómodos revelándolos y a quién? Si nos sentimos incómodos de compartir en las reuniones algunos detalles de nuestra vida, ¿a quién recurrimos?


La respuesta a estas preguntas está en el padrinazgo. Aunque construir una relación con un padrino toma tiempo, es importante que lleguemos a confiar lo suficiente en él para ser completamente honestos. Nuestros defectos tienen poder sólo si permanecen ocultos. Si queremos librarnos de esos defectos, debemos revelarlos. Los secretos sólo son secretos hasta que los compartimos con otro ser humano.

Sólo por Hoy: Revelaré mis secretos. Practicaré la honestidad con mi padrino.

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