Un Poder que nunca falla

26 de diciembre



«Conforme vamos aprendiendo a confiar en este Poder, empezamos a superar nuestro miedo a vivir.»


Texto Básico, p. 29


Somos personas acostumbradas a jugarnos todo a una sola carta. Muchos teníamos una droga favorita. Confiábamos en ella para pasar el día y soportar la vida. Le éramos fieles; de hecho, nos encomendábamos a ella sin reservas. Después se volvió contra nosotros. Nos traicionó la única cosa de la que dependíamos, y la traición nos dejó tambaleantes.


Ahora que nos hemos encontrado con las reuniones de recuperación, puede que nos tiente la idea de depender de otro ser humano que satisfaga nuestras necesidades. Quizás esperemos que lo haga nuestro padrino o madrina, nuestra pareja o nuestro mejor amigo. Pero depender de seres humanos es arriesgado. Están lejos de la perfección. A lo mejor están de vacaciones, durmiendo o de mal humor cuando los necesitamos.


Nuestra dependencia debe basarse en un Poder más grande que nosotros. No hay fuerza humana que pueda devolvernos el sano juicio, ocuparse de nuestra voluntad y nuestra vida, o querernos y estar disponible incondicionalmente cuando la necesitamos. Depositamos nuestra confianza en el Dios que concebimos, porque es el único Poder que nunca nos fallará.


Sólo por Hoy: Depositaré mi confianza en un Poder más grande que yo, porque es el único Poder que no me defraudará.

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